PERFIL- Qué es un fideicomiso ciego y para qué sirve

Fecha: 29 de abril, 2021
Por Juan Cruz Acosta Güemes.

En las últimas horas se escuchó mucho hablar sobre fideicomiso ciego. Pero, en esencia, ¿qué significa y cómo funciona esta herramienta?

Un fideicomiso es un contrato bajo el cual el dueño de un activo (fiduciante) se lo transfiere en propiedad a un tercero (fiduciario) para que éste lo administre en beneficio de quien le haya indicado el dueño original (beneficiario).

Se hace fundamentalmente por tres motivos.

  • El primero es proteger esos activos contra cualquier ataque, incapacidad u otro problema que sufra el dueño inicial.
  • El segundo es planificar en vida la herencia de esa persona, evitando que su fallecimiento obligue a los herederos a recibir esos activos por sucesión.
  • En tercer lugar, puede ser utilizado como herramienta impositiva, ya que ese mismo patrimonio puede tener un tratamiento impositivo diferente si lo posee un fideicomiso.
  • Normalmente, el dueño original o el beneficiario pueden y quieren saber todo lo que sucede con los activos del fideicomiso. Quieren estar informados y tener control de lo que sucede. En casos más excepcionales, se busca justamente lo contrario y por eso se denominan en la jerga “fideicomisos ciegos”.El fin más habitual de los fideicomisos ciegos es prevenir el conflicto de interés que existe si el dueño original de los activos accede a un empleo o función pública o privada y desde esa posición pudiera generar un beneficio indebido.Por ejemplo: si una persona dueña de una empresa pesquera es nombrada Secretario de Pesca, existiría un evidente conflicto de interés. Al colocar su empresa en un fideicomiso ciego, ese activo sería administrado por el fiduciario sin que el dueño original pueda saber qué está sucediendo con la administración. Es decir: el dueño pierde control y conocimiento de lo que sucede con lo que puso en el fideicomiso ciego.

    Para que todo esto funcione adecuadamente y no pueda ser cuestionado, deben cumplirse dos condiciones.

    Primero, debe tratarse de un verdadero fideicomiso. Es decir: debe tener todos los elementos que la ley requiere para que exista dicho contrato. Para eso, debe estar prolijamente estructurado.

    En segundo lugar, debe ser verdaderamente “ciego”. Quien puso los activos en fidecomiso debe quedar realmente “a ciegas” de lo que sucede con esos activos, y el contrato debe hacer mucho énfasis en ello.

    Si falla cualquiera de estos dos tests, se abre la puerta para un cuestionamiento por terceros apuntando a declarar la nulidad del fideicomiso o de alguno de sus actos.

     

    * Director de SFI Servicios Fiduciarios

Fuente: Perfil